28 AÑOS DESPUÉS VOLVEMOS  A LUCHAR POR NUESTROS DERECHOS

28 AÑOS DESPUÉS VOLVEMOS A LUCHAR POR NUESTROS DERECHOS

Hoy los funcionarios de prisiones estamos en pie de guerra.
Denunciamos agresiones diarias. Demandamos el reconocimiento como agentes de la autoridad, mejor formación y medios materiales. Buscamos dignidad salarial, que desaparezca el agravio, tanto económico como de reconocimiento, que existe con los otros cuerpos con los que compartimos Ministerio. En definitiva, reivindicamos nuestra dignificación social y laboral, que se reconozca nuestra labor, tal como se hace con Guardia Civil y policía, dejar de ser los ocultados del Ministerio del Interior.

Porque los funcionarios de prisiones también hemos tenido que vagar por la geografía española hasta poder acercarnos a nuestros hogares, hemos sufrido la oposición más dura que cualquiera de las de los otros dos cuerpos y también hemos tenido que lamentar atentados de ETA, mirar debajo de nuestros coches, no colocarnos nunca de espaldas a la puerta en un bar, mirar por el rabillo del ojo cuando salimos de casa y dudar de cualquier carta que no esperásemos.

Sufrimos insultos, agresiones, y sobre todo sufrimos el desprecio de la Administración, a la que nunca hemos importado lo más mínimo. Dicen que el delincuente no quiere ser visto por la sociedad, y por tanto sus cuidadores tampoco.

Estas movilizaciones van más allá de los motivos económicos, que también, queremos que se dignifique nuestra profesión, que se reconozca nuestro trabajo, sus penurias, que van desde el pasar frío al trato con enfermos mentales de toda índole, a la soledad de trabajar solo en un patio rodeado por decenas de internos, que pasan por el trato con familias de presos normales y corrientes, gentes que han cometido un error, pero que también implica tratar con familias de clanes de traficantes, familias que son correctas y familias intratables, insufribles.

Queremos que se reconozca el servicio que prestamos y en las condiciones que lo hacemos. En definitiva, en esta ocasión, 28 años después se lucha por muchas más cosas de las que se reivindicaban en 1990.

Entonces, tal vez por la edad y la pureza de sentimientos aparejados a esta, no reivindicábamos nada, éramos unos completos ilusos. Recuerdo que ETA había asesinado al zamorano y funcionario de prisiones, Ángel Mota, se llegó a decir que su mujer estaba ligada a HB y más tarde se le relacionó con un etarra. Y sé de buena tinta que a la familia de Ángel les hicieron la vida imposible hasta el punto de tener que huir del País Vasco.

En fin, la mecha que prendió fuego a aquella “huelga salvaje” fue ETA, y nosotros lo simplificamos demasiado, dejamos que las vísceras hablasen en lugar de nuestro cerebro, no fuimos nada inteligentes, nos dejamos llevar por un sentimiento de rabia contra todo, contra la Administración y contra la banda terrorista.

En aquella ocasión únicamente queríamos la creación de la figura del Subdirector de Seguridad, alguien que, inocentes, pensábamos velaría por la seguridad de los funcionarios.

Esa era la petición, nadie deseaba hablar de dinero, nuestra solicitud era tan “digna” que rechazábamos oír mencionar el tema emolumentos, algo entendible cuando las cosas se hacen en caliente y con un compañero de cuerpo presente.

Y así, cual quijotes, nos lanzamos a las puertas de los talegos con una “huelga” sin convocar y sin día de finalización. Nos reuníamos, al menos en mi Centro, al margen de los sindicatos que, de aquella, eran CSIF, UGT Y CC.OO. porque no nos fiábamos de ellos. En eso coincidimos con lo que sucede ahora mismo, nada ha cambiado en ese sentido.

Decidimos no entrar a trabajar, los prácticos desaparecieron de forma que no pudieran contactar con ellos y a los de carrera, que les pilló dentro, consiguieron salir poco a poco alegando razones de salud. Así estuvimos 3 días sin entrar, tres días de compañerismo exacerbado, 3 días pensando que las prisiones eran nuestras, 3 días recibiendo porrazos, amenazas y sabiendo que entre nosotros estaría el judas que correría raudo a declarar en nuestra contra para conseguir una comisión de servicios, una Jefatura o un puesto en la C.A.S, lejos del talego, como así fue. Consiguieron sus puestos, declararon en contra nuestra y, por supuesto, hubo expedientados.

Expedientados y denunciados en el Juzgado de guardia por un delito de sedición que, gracias a Dios se arregló rápidamente tras la primera declaración ante el juez. Lo de los expedientes fue mucho más arduo. Suspensión provisional para 6 funcionari@s, lo que conllevó otra nueva manifestación de toda la plantilla con escritos de autoinculpación pidiendo recibir el mismo trato que los 6 expedientados. Pero ahí apareció el monstruo de la Administración alegando que eran competentes para decidir a quién se llevaban por delante y a quienes no, ¡con un par!.

Después de meses con farragosos escritos de alegaciones y “contra alegaciones”, de declaraciones ante el instructor de turno, llegaron las sanciones de 2 años de suspensión de empleo y sueldo para mi y tres compañeros más y otras dos sanciones de un año. Y a partir de ahí es cuando te ves sólo como un perro, luchando por encontrar un buen abogado, pagando sus facturas sin tener nómina, intentado hacer ver la verdad de lo sucedido, porque que a nadie le quede duda de que la Administración instruirá expedientes y sancionará. Inventará lo que tenga que inventar, gracias a las declaraciones de esos judas que no dudaran en exagerar e incluso fabricar historias con tal de conseguir sus 30 monedas de oro.

De aquellas no existían los seguros en los sindicatos, claro que ahora, aunque existan, si te expedientan por no cumplir los servicios mínimos te lo comes igual, aunque al menos te ofrezcan asesoría jurídica, que no es poco.

Además de conseguir el ansiado subdirector de seguridad, de esa huelga nació ACAIP, cuánta falta hacía un sindicato con aires renovados, que realmente mirase por los trabajadores de Instituciones Penitenciarias, alejado de otros que, como es lógico, miraban por los intereses del colectivo de funcionarios de la administración del Estado.

¡Qué pena que aquel espíritu no haya durado eternamente!.

Todo aquello me recuerda enormemente a lo que está sucediendo, me lo recuerda por el espíritu de lucha, por la unidad, por el alejamiento de los sindicatos e incluso por las frases que escucho, esas como “que ardan los talegos,” y cuando oigo lo mismo que yo dije en su día se me enciende la bombilla roja de alarma. Porque sigo pensando igual que antes, sigo luchando como entonces, pero pienso en que hay que ser más inteligente y muy poco visceral, hay que luchar con las armas legales, no debemos regalarles nada, ni un solo expediente, hay que ser cautos porque los expedientes luego se digieren individualmente, los sufres tú y los soportan las familias, por eso no se les puede regalar nada.


y cuando oigo lo mismo que yo dije en su día se me enciende la bombilla roja de alarma

Tenemos muchas armas en nuestras manos, todas legales: movilizaciones, conversaciones con partidos políticos, salir en prensa, mover las redes sociales, hacernos visibles a la opinión pública y a nuestros propios compañeros hartos de sindicatos y apáticos de implicarse en nada. Tenemos que utilizar armas legales, que nadie lo olvide.

La historia de los movimientos reivindicativos parece ser cíclica en prisiones, 1990, 1999 y 2018, y en todas el éxito siempre dependió de nosotros mismos, nuestro fracaso va ligado a los sindicatos, siempre lo ha ido. El Porqué es obvio aunque algunos o no se planteen verlo o no lo quieran ver (subvenciones, comisiones de servicio, liberaciones, negocios privados, intereses sindicales por otro grupo de funcionarios más numerosos que los de prisiones, cursos, etc, etc).

Cambiaron los sindicatos gracias a la creación de ACAIP que, con el tiempo se aborregó manteniendo una Ejecutiva de liberados presidida por un “funcionario” con más de 25 años sin pisar un talego, pero fuera como fuera logró que algo cambiase en los años 90 y 2000, sin que a estas alturas “ese algo” sea suficiente para satisfacer a una gran mayoría de funcionarios sindicados por un único motivo, el arrope legal con seguros que cubren hasta accidentes domésticos, encontrando con ellos la piedra filosofal del movimiento sindical.

Gran acierto para los señores sindicalistas que consiguieron parar las amenazas de expedientes y a su vez encontraron el paradigma a seguir, sin percatarse que su desidia provocaría de nuevo las luchas asindicales por el hartazgo de tanta dejadez, tanta relajación, tanta liberación y tanto abandono a los que les votaron, a los que en definitiva les pagan.

En 2018 han cambiado muchas cosas, se ha conseguido una gran implicación de las prisiones, sobre todo del sur, con gran cohesión y congruencia entre todos los integrantes movilizados al margen de las centrales sindicales, compañeros que luchan por la dignidad social, laboral y económica de todos nosotros, funcionarios participativos que llevan las movilizaciones con gran acierto, más allá de los días de huelga fijados por los todos poderosos sindicatos. Compañeros que tienen en cuenta los deseos de las plantillas, funcionarios que luchan sin ansiar un reconocimiento sindical ni recompensa laboral alguna, compañeros que han perdido mucho más que unos días de sueldo, como Dani. Con un movimiento así es muy difícil no quitarse el sombrero al ver el esfuerzo y dedicación personal puesta en este nuestro empeño.

Es el momento de luchar porque juntos podemos conseguirlo, lograremos el respeto de la Administración y el reconocimiento de la sociedad. Lo único que no podemos permitirnos es el más mínimo error, ni lanzar, con esos actos a nadie a una batalla perdida, a una lucha ilegal, a una huelga salvaje, porque con los medios que permite la ley esta batalla se puede ganar, se va a ganar, pero para ello no ha de cundir el desánimo, desánimo que vendrá dado por los primeros expedientes.

Por eso hay que ser cuidadoso, el tiempo no importa, no es necesario conseguir las cosas ya, la lucha también desgasta a la Administración, más si esta no tiene por dónde atajar a cientos de funcionarios dispuestos a seguir luchando por lo que creen que es justo.

NUESTRAS REIVINDICACIONES SON JUSTAS, TODAS Y CADA UNA DE ELLAS, POR ESO DEBEMOS PARTICIPAR TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS, AL MENOS CONCIENCIÁNDONOS DE QUE SE PUEDE Y DE DEBE EXIGIR LO QUE NOS CORRESPONDE.

¡Ánimo compañeros, ahora es el momento!

Ana I. Martínez.

Funcionaria de instituciones penitenciarias (socia FPU).