La paradoja de la huelga

Ya está aquí.

Por fin llegó la semana en la que se inicia esta suerte de huelga inusual, intermitente y enrarecida en el ambiente.

Las reivindicaciones son de sobra conocidas. Pero, a colación del inicio de jornadas de este derecho fundamental que es el de hacer huelga, quiero detenerme en una en concreto: el enorme déficit de personal que llevamos años soportando.

Los sucesivos gobiernos que nos han ido dirigiendo lo sitúan en 2000 plazas, pero la realidad es bien distinta, siendo más de 3000 las plazas que faltan por cubrir. Y si esta carencia se nota en el día a día, donde se sufre en nuestras carnes, se hace especialmente relevante durante una huelga. De qué forma si no se puede explicar que unos servicios mínimos signifiquen mayor presencia de profesionales que en días normales de trabajo.

Este hecho, grave a todas luces, que roza la vulneración del derecho a huelga y que no hace más que desvirtuar la misma, pone de relieve, una vez más, el poco respeto que, da igual quien presida Moncloa, se nos tiene desde la Administración.

El resultado de esta historia, ya nos debería ser conocido. Para unos, la Administración, la huelga apenas habrá tenido seguimiento y pasará de puntillas por ella. Para otros, los convocantes, será todo un éxito y una demostración de fuerza y de que las cosas tienen que cambiar.

Pero la realidad, la única realidad, es que habrá muchísimos compañeros que, obligados por la tiranía de unos servicios mínimos desmedidos, se verán privados de ejercer un derecho que les corresponde por, nunca mejor dicho, derecho propio, aunque no olvidemos que todos aquellos que tienen asignados esos servicios mínimos no sólo se exponen al descuento proporcional de su nómina por la ausencia al trabajo. Lo más grave es la apertura del expediente disciplinario al que se enfrentan, asegurándose la Administración con ello que nadie se atreva a ausentarse para secundar la huelga, cerrando de esta forma el círculo que dinamita tan importante convocatoria. El descuento de la nómina es algo asumible cuando de luchar por obtener mejoras se trata. La suspensión de empleo y sueldo jamás debe ser un precio a pagar por esas mejoras.

Por cierto, resulta cuanto menos curioso, por no utilizar un adjetivo menos amable, que las organizaciones convocantes, que llevan años, por un lado, recaudando enormes cantidades de euros a través de las cuotas de sus afiliados y, por otro, recibiendo importantísimas sumas en concepto de subvenciones, no tengan la mínima decencia de ofrecer esos fondos amasados durante todos estos años como fondo de contingencia para sufragar los descuentos en las nóminas que sufrirán todos aquellos que ejerzan su derecho a huelga. Aunque ese ya es otro tema, que se tratará en otro momento.

Lo que ahora toca, es demostrarle al país, pese a todas las trabas, que ¡¡PRISIONES DICE BASTA¡¡

FPU Comunicación.