La Sanidad en el contexto de la Institución Penitenciaria

La Sanidad en el contexto de la Institución Penitenciaria

Jose Manuel Arroyo Cobo.

Director de Programas. CP Zuera.

 

Que es la sanidad penitenciaria

Sanidad penitenciaria es un término tomado del campo jurídico, que se refiere a toda actividad promovida desde la prisión para la prevención y restauración de la salud de las personas recluidas. En España aparece este concepto en el ordenamiento legal en el siglo XIX, por primera vez se habla entonces de la sanidad penitenciaria como un elemento propio de la organización de las prisiones.1 Gracias al protagonismo de una serie de principios ideológicos de carácter humanitario y progresista que adquirieron gran fuerza en aquel momento, se estableció por vez primera la necesidad de que existiera una adecuada atención médica en las prisiones españolas en un Decreto de fecha 13 de Diciembre de 1886.

Lo habitual ha sido que en cada país la peculiaridad de cada legislación penitenciaria haya marcado la organización de este tipo de sanidad, sin que se haya encontrado una respuesta homogénea válida para satisfacer las necesidades de asistencia que presentaban los reclusos.2 3 En nuestro país el legislador establece la responsabilidad de la administración sobre el cuidado de la salud física y mental de los ingresados en prisión, así como en el mantenimiento de unas adecuadas condiciones de higiene y salubridad de los establecimientos.4 Todo ello se recoge en la actual Ley General Penitenciaria5 y en su Reglamento. La Institución Penitenciaria tiene asignada desde entonces entre sus competencias, velar por la vida, integridad y salud de los internos y a este respecto mantiene, en los establecimientos de ella dependientes, la cobertura sanitaria correspondiente al nivel de Atención Primaria de Salud.

La Ley General de Sanidad,6 garantiza los derechos de los internos y su acceso a las prestaciones sanitarias en condiciones de igualdad efectiva, siendo competencia de las Administraciones la organización y desarrollo de todas las acciones preventivas y asistenciales dentro de una concepción integral del sistema sanitario.

En términos generales, en toda Europa la legislación sobre esta materia considera que las personas que están internadas en prisión deben tener los mismos derechos y prestaciones sanitarias que el resto de la ciudadanía con las limitaciones, en lo que concierne al ejercicio y no a su contenido, derivados de esta situación.7 Sin embargo desde hace algunos años, a raíz de un debate abierto principalmente en el Reino Unido, sobre la deficiente atención sanitaria en prisiones, se ha creado una corriente de reflexión y análisis de esta asistencia. El hecho de que en algunos países de nuestro entorno este tipo de servicio esté gestionado por el Ministerio de Sanidad, es sin duda un factor influyente en sus mejores niveles de calidad.

El objetivo principal de esta parte de la sanidad pública es garantizar los derechos como usuarios de los servicios de salud de las personas internadas en prisión, su accesibilidad a los recursos sanitarios, la calidad de las prestaciones sanitarias penitenciarias y la equidad en la prestación los cuidados extrapenitenciarios.8

El principal problema de la sanidad penitenciaria en la actualidad es estructural y está provocado por la mala situación laboral de los profesionales sanitarios. El origen de este problema, que es multifactorial, tiene su máximo exponente en la carencia de facultativos en las plantillas debido a la deficiente planificación en materia de personal por parte de las administraciones competentes. Desgraciadamente, en los últimos años la escasez de especialistas de atención primaria, es una realidad no sólo en las prisiones, sino en todo el sistema público de salud en nuestro país.

La relación entre la salud de los internos y el medio penitenciario

¿De qué manera influye el entorno penitenciario en el cuidado de la salud de los internos? Hay diferentes aspectos del trabajo en prisión que mediatiza su asistencia sanitaria:

La sanidad penitenciaria es una actividad que cruza la medicina con la ley, muchos aspectos de la vida en prisión, incluidos los aspectos relacionados con la prestación sanitaria y con el entorno saludable, están expresamente regulados por la legislación penitenciaria. Los profesionales sanitarios en prisiones están obligados al cumplimiento de una legislación, que en general se orienta hacia el mantenimiento del buen orden y funcionamiento del centro penitenciario.9 10 Las obligaciones regimentales y médico legales del sanitario se exigen en el reglamento penitenciario al mismo nivel o incluso en ocasiones por encima, de las asistenciales. La formación de los trabajadores sanitarios y su aislacionismo del resto del sistema público de salud, en muchos casos les hace sentir más como funcionarios de seguridad, que como clínicos. Mientras que la situación laboral de los sanitarios en la comunidad tiene una organización más horizontal y con un alto nivel de reconocimiento social, en las prisiones se mantiene una estructura de decisión piramidal, mucho más jerarquizada, en la que los sanitarios tienen un control menor sobre su entorno de trabajo y dependen para su labor de gestores que tienen que tomar decisiones teniendo en cuenta muchos otros objetivos, muchas veces más prioritarios que la asistencia médica de los reclusos.11

El trabajo del sanitario, como ocurre con el resto de los profesionales de centros penitenciarios, es escasamente conocido y poco valorado por parte de la comunidad. Las prisiones son instituciones concebidas para el cumplimiento de una pena y no se construyeron, ni funcionan con objetivos sanitarios.12 Este hecho supone que los profesionales deben esforzarse por aplicar los principios éticos que impidan que los cuidados de los reclusos se supediten sólo a la seguridad, haciendo todo lo necesario para que la atención sanitaria se realice bajo los códigos profesionales de buena praxis,11 13 14 lo que en muchos casos les supone entrar en conflicto con la autoridad penitenciaria y en no pocas ocasiones con las autoridades sanitarias comunitarias.

La necesaria coordinación de los servicios

El funcionamiento adecuado de un servicio público tan complejo como un centro penitenciario es imposible sin una coordinación entre sus diferentes departamentos: el de seguridad, el de sanidad, tratamiento, régimen, mantenimiento, y el resto de unidades, que deben trabajar de manera colaborativa. Sólo así el día a día de cientos de reclusos, se puede adecuar a la legislación y obtener así los objetivos que ésta encarga a la Institución penitenciaria. Esta coordinación es una tarea permanente y siempre mejorable entre los profesionales sanitarios y el resto de trabajadores de los centros penitenciarios, en especial con el colectivo de seguridad y tratamiento. Sin seguridad en un centro es imposible cualquier tarea de rehabilitación con los reclusos. La prevención y recuperación de la salud en los centros se beneficia mucho de la colaboración entre el personal sanitario y el de seguridad y tratamiento. Desde la Secretaría General se han potenciado estas colaboraciones, que formalmente no se contemplan ni en el reglamento y ni en la LOGP. En los últimos años, se han publicado algunos programas de intervención que regulan el trabajo conjunto entre los departamentos de Sanidad y Tratamiento penitenciarios, en concreto en el campo de la salud mental. También se fomenta, por sus buenos resultados, la intervención de funcionarios de vigilancia en muchas actividades de promoción de la salud. De igual manera, la coordinación entre el servicio de salud penitenciario y el de la comunidad, sigue siendo una tarea pendiente, imprescindible para mejorar la calidad de la asistencia de las personas que se encuentran en prisión, y que probablemente sólo se alcanzará con la trasferencia de toda la sanidad penitenciaria a las CCAA, que sigue pendiente desde hace décadas.

El futuro de la sanidad penitenciaria

El necesario avance que debe darse en este tipo de prestación sanitaria pública, debe orientarse en distintos ámbitos. En primer lugar el tecnológico: La asistencia sanitaria que se da en los servicios sanitarios penitenciarios tiene que estar coordinada entre todos los centros de la red penitenciaria y con los servicios de salud comunitarios para lograr una continuidad real de cuidados. Para ello, parece lógico que haya una sola historia clínica electrónica a disposición de todos los profesionales implicados en el cuidado de un paciente. El Centro Directivo desde 2015 empezó a desarrollar una aplicación, OMI IIPP, que permite compartir la misma historia clínica de un paciente en todos los servicios sanitarios de todos los centros penitenciarios dependientes de la Secretaría General. En estos momentos está operativa en todas las prisiones y en el futuro esta historia clínica digital unificada, podría conectarse también con las historias clínicas de cada comunidad autónoma.

Otro avance tecnológico que debe seguir desarrollándose es la telemedicina. Este sistema de videoconsulta constituye una herramienta muy útil que, en el caso de los centros de salud penitenciarios, permite realizar consultas a especialistas hospitalarios sin necesidad de que ni éste ni el paciente tengan que desplazarse. El traslado de un interno de un centro penitenciario al hospital para una consulta es un proceso complejo, que consume recursos y tiempo, y muchas veces no muy grato para el interno que se desplaza. Hoy en día hay diferentes experiencias de telemedicina en prisión, con distinto grado de implantación y desarrollo, que sirven como modelo para seguir desplegando esta tecnología de apoyo a la consulta presencial, y que se ha mostrado capaz de reducir en un 40% las salidas al hospital.15

En el campo organizacional, el avance pendiente es el acercamiento y la integración de los equipos sanitarios penitenciarios a los equipos de atención primaria, especializada y hospitalaria de la comunidad. Para ello el legislador propuso en 200316 la integración de la sanidad penitenciaria en las estructuras asistenciales sanitarias del resto del sistema público de salud. Esta norma, reiteradamente incumplida por todos los gobiernos estatales y autonómicos desde esa fecha, se ha visto respaldada por Parlamentos de distintas Comunidades Autónomas, las Cortes o el propio Senado, donde se han dictado mociones instando a su cumplimiento, sin recibir respuesta alguna por los distintos ejecutivos que han gobernado a lo largo de estos largos 15 años.

CONCLUSIONES

A modo de resumen telegráfico las principales oportunidades de mejora de la sanidad penitenciaria, no necesariamente en orden de importancia, podrían enumerarse las siguientes:

  • Escasez y desmotivación del personal sanitario penitenciario

  • Descoordinación con el sistema público sanitario extrapenitenciario

  • Dificultades de planificación a largo plazo en los servicios sanitarios penitenciarios

  • Dificultades en la atención medica debidas al perfil de la población atendida y del entorno penitenciario

Probablemente, estos problemas no se resolverán completamente con la transferencia pendiente, pero sin duda se verán aliviados en el momento en el que se produzca.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1 Del Río y Pardo F. La Asistencia Sanitaria, introducción. En Cobo del Rosal M. Comentarios a la Legislación Penal. Revista de Derecho Privado 1; 1986: 521-522.

2 Arroyo JM. Algunos aspectos de la sanidad penitenciaria en los países miembros de la Unión Europea. Rev Esp Sanid Penit 2000; 3: 77-89.

3 Lindquist CH & Lindquist CA. Health behind bars: utilization and evaluation of medical care among inmates. Journal of Community Health. 1999; 24: 285-305.

4 Gamir Meade R. Los facultativos de Sanidad Penitenciaria. Evolución, perspectivas y notas sobre su régimen jurídico. Madrid. Dykinson. 1995, pp. 15-58.

5 Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria.

6 Ley General de Sanidad 14/1986, de 25 de abril, Art 3,4,10,12. (Boletín Oficial del Estado nº 102, de 29/04/86).

7 Council of Europe Committee of Ministers (1998). Recommendation No R (98) 7 of the Committee of Minister to member States concerning ethical and organizational aspects of health care in prison. Strasbourg, Council of Europe.

8 Prison Health and Public Health: The integration of Prison Health Services. Report from a conference organised by the Department of Health and the International Centre for Prison Studies. London, 2 April 2004. London: International Centre for Prison Studies; 2004 [cited 2012 jul 15]. . disponible en: http://www.prisonstudies.org/info/downloads/health_service_integration.pdf

9 Marshall T, Simpson S, Stevens A. Toolkit for health care needs assessment in prisons. Department of Public Health & Epidemiology. University of Birmingham. Febrero 2000.

10 Grupo de Trabajo de Calidad Asistencial en Prisiones. Programa de Calidad Asistencial en Prisiones. CAPRI. Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria. GSK. Madrid 2003.

11 Working Group on Good Medical Practice for doctors providing Primary Care Services in Prison. Department of Health & HM Prison Service Consultation document.  http://www.doh.gov.uk/prisonhealth/publications.htm

12 Smith C. ‘Healthy prison’: a contradiction in terms? The Howard Journal 2000; 39: 339-353. 

13 Department of Health. Health Services for Prisoners http://www.doh.gov.uk/prisonhealth/publications.htm

14 Maeve K, Vaughn M. Nursing with prisoners: the practice of caring, forensic nursing of penal harm nursing. Advances in Nursing Science. 2001; 24: 47-64.

15 Zulaika, D. Etxeandia, P. Bengoa, A. Caminos, J. Arroyo-Cobo, JM. Un nuevo modelo asistencial penitenciario: la experiencia del País Vasco Rev Esp Sanid Penit 2012; 14: 91-98 21

16 Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud 16/2003, de 28 de mayo,. disposición adicional sexta.(Boletín Oficial del Estado nº 128, de 29/05/03).